Conversando con mi hijo de 16 años y el cual sabe de mi profundo amor por la formación de lectores, me dijo: “¿Mamá sabes por qué los niños y los jóvenes odian leer? ¡Porque los docentes no nos leen cuentos, no nos narran historias, porque lo único que hacen es ponernos a leer solos y después debemos hacer unos talleres larguísimos!”
Posterior a la reflexión de mi hijo, escucho a Alejandro Gaviria, Ministro de Educación en el Foro Educativo Nacional 2022, presentando datos alarmantes: 2 de cada 3 niños de cuarto grado no saben leer o tienen problemas básicos de lectura. “Las pérdidas de aprendizaje por la pandemia nos han llevado a la peor crisis de la educación en dos generaciones”.
Y leo que el ICFES en las pruebas Saber 2022 dice: “Una persona que lee por placer durante dos horas diarias, alcanza mayores niveles de desarrollo intelectual y un mejor conocimiento del mundo, por lo tanto, tiene mejores oportunidades laborales, puede aspirar a mejores ingresos, y tiene una mayor posibilidad de participar en la vida social y cultural de su comunidad. Es una persona con condiciones para lograr un mayor bienestar para sí mismo y para quienes lo rodean”.
Entonces, si la respuesta a los bajos resultados académicos de niños y jóvenes es leer por placer ¿Cómo hacemos esto?, Pues podemos hacer mil estrategias, pero las más efectivas es dedicar un tiempo y un espacio para leer con nuestros hijos y alumnos, salgamos con ellos a conocer las bibliotecas de la ciudad, permitamos el acceso a materiales de lectura de calidad, esto se logra prestando, intercambiando o comprando libros; habitemos la lectura junto a ellos, démosles la oportunidad de elegir las historias que quieren escuchar, hagamos que leer historias sean una oportunidad de encuentro y alegría. En las escuelas y colegios permitamos leer por diversión, es decir, no siempre acompañemos la lectura de talleres u otras obligaciones académicas, porque ya el acto de leer nos acerca al mundo de lo simbólico, de la ensoñación e imaginación.
Los formadores debemos recuperar el asombro al aprendizaje y permitir a través de la palabra cerrar las brechas educativas que le impiden a un niño y un joven encontrar en la lectura una oportunidad para el cambio social, encontrarse a sí mismo y estimular la imaginación, y cerrar así el círculo de pobreza que se amplía en estos tiempos difíciles.
Para ello, debemos aprovechar los primeros años de vida de nuestros niños y niñas, para acompañar la explosión cognitiva y creativa que viven sus cerebros y sus efectos en el desarrollo del lenguaje, la concentración y la memoria. Pero también, no olvidemos que los niños necesitan de nuestra compañía y de la animación a la lectura para mantener viva la alegría de encontrarnos y escuchar historias.
Por: Yamili Ocampo Molina
Directora de Proyectos
Ratón de Biblioteca