Casi todos los días, a las nueve de la mañana, Yoider Smith Herrera Guerra llega al Centro de Lectura de Villa Guadalupe. Es uno de los usuarios más puntuales y activos de esta biblioteca que acoge a los niños, niñas y jóvenes que viven en los barrios de la comuna 1 de Medellín. A veces usa los computadores o busca un compañero para jugar una partida de ajedrez. También le gusta mantenerse enterado de lo que pasa en el país y en el mundo; por eso, les pide a las profesoras que le presten el periódico.
Alejandra Florez, bibliotecaria de Ratón de Biblioteca, se sorprende cuando Yoider le habla con propiedad de la guerra entre Ucrania y Rusia o hace algún comentario sobre las intervenciones del presidente de Estados Unidos: “Es un niño muy inteligente. Uno se queda pensando de dónde saca toda esa información. Es muy particular porque a diferencia de otros niños, le gusta que uno le lea las noticias. En un futuro yo me lo imagino como un profesional de las ciencias sociales”.
Además de leer los periódicos y de jugar ajedrez, Yoider participa los miércoles y los jueves en Pintando palabras y Experimentación creativa. Dice que le gusta la ciencia y que en los talleres de la biblioteca descubrió lo que significa el arte. “Me gustaría ser científico y trabajar en la Nasa”, dice Yoider. Bianca Agudelo, promotora de lectura de Ratón de Biblioteca, dice que es un niño muy inteligente y reconoce que, con una buena orientación, puede lograr todo lo que se proponga: “Sale con unos datos históricos muy interesantes. Me dice que su abuelo prende la radio todos los días y que él aprende todo lo que escucha. Un día hasta me dijo que quiere ser presidente de Colombia. Hay que guiarlo bastante para que desarrolle todo su potencial”.

Yoider visitó por primera vez el Centro de Lectura de Villa Guadalupe en el 2020, cuando tenía ocho años; desde entonces, este lugar se ha convertido en su segundo hogar. “Mi mamá fue la que me trajo a la biblioteca. Antes nosotros vivíamos en Villa Hermosa y hace dos años llegamos a este barrio. Mi mamá me dice que cuando ella era chiquita venía a esta biblioteca a leer libros. Ella fue la que me enseñó a jugar ajedrez”, cuenta Yoider.
Alejandra dice que es uno de los usuarios que asiste con frecuencia a las actividades que organiza el centro de lectura: “El viene mucho, casi todos los días por la mañana. Se va como a las once porque estudia por la tarde. Es un chico que vive una situación compleja en su casa: su papá no está presente y la mamá trabaja; por eso, pasa tanto tiempo aquí. Este es un espacio seguro para él, donde le ponen atención, lo escuchan y lo respetan. La biblioteca es como un refugio para él”.
Cuando su mamá, Gladis Guerra, sabe que Yoider está en la biblioteca se siente tranquila. Dice que es muy buen estudiante, pero a veces es inconstante y perezoso. Cuando comenzó a participar en las actividades del centro de lectura, Gladis notó un cambio de actitud en su hijo: “Me toca insistirle mucho para que haga las cosas, pero si se trata de la biblioteca él siempre está dispuesto. Para ir a los talleres él se levanta solito, no tengo que presionarlo. Me gusta mucho que vaya, porque en la casa se la pasa pegado de ese celular; en cambio, en la biblioteca aprende cosas nuevas, me muestra lo que hace y me cuenta historias”.
Mientras siga siendo vecino del Centro de Lectura de Villa Guadalupe, Yoider seguirá madrugando a leer las noticias, jugar ajedrez y aprender todo lo que los promotores de lectura y los profesores de la biblioteca quieran enseñarle.