Un día de cuarentena en mi barrio empieza un poco más tarde de lo normal, las madrugadas y las mañanas son bastante tranquilas y calmadas, sin mucho ruido pero con un aire de incertidumbre y miedo, pues nadie está a salvo de este virus; y es bastante curioso que tuviéramos que esperar a que una pandemia nos uniera a todos y nos obligara a parar para darnos cuenta de lo verdaderamente importante, de lo afortunados que somos, para que pudiéramos aprender a conocernos a nosotros mismos y a los demás, para ser más agradecidos, solidarios y empáticos.
Al medio día toda mi familia se reúne en la mesa para almorzar, mi mamá, mi papá, mi tío y yo, mi perrito nos observa desde abajo, sin entender nada pero feliz de que todos estemos en casa, mientras tanto, todos nosotros vemos las noticias, que aunque nos mantienen informados, no siempre nos dan mucha esperanza, ya que casi siempre se enfocan en las cosas negativas, en las muertes, en el hambre, en el desempleo, en la crisis y en las consecuencias y aunque todas esas cosas son ciertas hay muchas otras buenas que están pasando y nadie habla de ellas.
Las tardes son un poco más movidas, cada quién esta en su propio mundo, algunos estudian, otros trabajan, otros se ejercitan, otros organizan, otros oran o meditan, otros leen, otros escriben, otros pintan, yo en lo personal hago un poco de ejercicio para despejar la mente y empiezo a realizar todos los talleres que nos han dejado en el colegio.
Aproximadamente a las 6:00 pm cuando empieza a anochecer, muchos vecinos salen a sus aceras, ventanas y balcones a ver los lindos atardeceres que se dan por estos días, muchos salen con su familia, con sus mascotas, con sus hijos o con su taza de café y ocasionalmente comentan entre ellos el hermoso paisaje, cómo se han sentido, qué hacen durante la cuarentena, cómo van sus trabajos, entre otras cosas.
Todos los días exactamente a las 8:00 pm, una vecina pone canciones muy bonitas que aunque no están en un volumen moderado, nos alegran el alma y nos dan esperanza, nadie está seguro de quién es, porque lamentablemente antes de que todo esto pasara no nos daba tiempo ni de conocer a las personas con las que compartimos en el barrio, pero aún así todos estamos muy agradecidos con ella, y siempre que se terminan las dos canciones que generalmente nos pone que son “El padre nuestro” y “Volveremos a brindar” de Lucía Gil, todos aplaudimos para agradecerle, pero no solo a ella. también a todos los médicos, enfermeros y demás personal de salud que día a día arriesgan su vida y la de sus familias por todos nosotros, y además de eso, también tienen que luchar con el rechazo, la discriminación y las amenazas de algunos intolerantes que no son conscientes de todo lo que ellos hacen por nosotros.
El día también termina de una manera muy tranquila y agradable, cenamos mientras vemos otra vez las noticias, nos preparamos para dormir y cada quien se va a su habitación a descansar, aunque la verdad es claro que todos tenemos un nivel de insomnio (unos más que otros) por la situación tan terrible por la que está pasando el mundo, pero también sabemos que si todos nos unimos, luchamos juntos y somos responsables y disciplinados podemos salir pronto de esto y saldremos más conscientes, fuertes y más juntos que nunca.
Autora:
Valentina García Zapata
Usuaria Biblioteca Familia La Esperanza
Participante del club de lectura de la Fundación Ratón de Biblioteca