Fue el día menos esperado, se sabía que había un virus pero lo tomaba como algo insólito y lejano, pero justo llegó a nuestro país. Una alegría me invadió al saber que no tendría que ir más al colegio, y lo que más me gustaba era poderme quedar en casa con mi familia, relajada y sin pensar en deberes. Este fue uno de los pensamientos de la mayoría de los jóvenes.
El primer día fue lo más maravilloso del mundo, estar durmiendo hasta tarde, estar despierta hasta altas horas de la noche y obviamente comer como si no hubiera un fin.
Las calles estaban vacías, claro, un temor corría por todas las personas ya que fue un “boom” en las noticias y medios de comunicación, los más valientes se exponían en las calles; yendo a su trabajo, haciendo compras o los más intrépidos no acataban la orden de cuarentena. Las redes estallaron con falsas cadenas, informes sobre los casos conocidos y cifras que muchos llamábamos ocultas, pues no se le decía todo al pueblo para no alarmarlo. Poco a poco la gente fue saliendo, para conseguir sus alimentos e implementos necesarios, grandes filas en los supermercados y droguerías eran los reportes.
Aislada y desde mi balcón frecuentemente veía gente llegar al Centro de Lectura Villa de Guadalupe de La Fundación Ratón de Biblioteca con uno o varios libros en la mano, pararse y leer aquel letrero que decía “El centro de lectura no prestará atención hasta nuevo aviso, si tiene libros, serán renovados por más tiempo, gracias”, después bajar sus miradas, hacer cara de angustia, dar una vuelta y devolverse a sus casas tristes, quizás querían solo entregarlos o probablemente prestar nuevos.
Detrás de mi casa hay un patio grande con un árbol de naranjas, allí se hacen pájaros de color azul y palomas, en las mañanas hacen una armoniosa melodía en conjunto con los perros, aunque estos ladran con ganas de comérselos, pero a mí esto me encanta me saca de mis pensamientos por unos segundos y me detengo a contemplar su trinar, y cuando se posan en el árbol a buscar sus semillas o tal vez a descansar para continuar su vuelo busco con la mirada sus alas y los veo alejarse por encima de los tejados. Vuelvo a mis reflexiones y noto que mi barrio está algo tranquilo aunque no falta el vecino que grita de una casa a otra, y también observo a las personas afuera paseando a sus perros y aprovechando ese ratico para saludar a sus vecinos y darse un aire nuevo. Varias señoras hablan de cosas inaudibles desde donde estoy, desde la calle al balcón de una vecina se pasan un buen rato en esa nueva forma de tertulia, aunque bastante rápida, pues la policía está dando rondas y nadie quiere pagar una multa en estos tiempos.
En especial observo a un niño enfrente de mi casa de cabello crespo, color castaño, piel blanca y voz muy tierna, este le grita a las personas que ve por la calle “oye, ¿ya se bañó?”, si la respuesta es afirmativa el niño solo dice, “ah bueno”, mientras sale corriendo, en cambio si la respuesta es negativa este les dice “cochino, vaya báñese”, las risas empiezan por todos aquellos que se encuentran afuera, y lo más curioso es que el niño se encuentra con su pijama y despeinado. Todos los vecinos de mi barrio se llevan muy bien, o quizás fingen estar bien, pero el caso es que entre todos nos hablamos y llevamos una buena convivencia.
Algo muy común por estos tiempos de cuarentena es que la gente se encuentra en su casa con sus equipos a todo volumen, escuchando todo tipo de música, es variada según la hora, por ejemplo en la mañana ponen música cristiana, por la tarde salsa repitiendo la canción que dice “ porqué es que te resientes, si apenas he llegado, sabes que estaba ausente y mi amor no ha cambiado, he vuelto lleno de cariño y con esas ganas de amarte y quererte más” titulada como El ausente de Fruko y sus tesos. Y continuamente en la noche guaracha, de lejos se escuchan voces gritando aquellas canciones a todo pulmón.
Aunque es un momento difícil para muchas personas, en mi barrio todo está tranquilo, se sabe que esto pasará en algún momento y todo volverá a la normalidad, quizás esto paso por algo, es desconocido pero es un momento que permitió hacer las cosas que no podíamos hacer antes por el trabajo, estudio u otras ocupaciones.
Ahora es tiempo de concentrarme en las tareas y trabajos del colegio, y esperar a volver a mis compañeros y profesores, pues ya los echo de menos.
Autora:
Sara Durango Morales
Usuaria Centro de Lectura Villa Guadalupe
Participante del taller de la Fundación Ratón de Biblioteca
