Historias de Ratón: 75 años amando los libros

La biblioteca mantiene a la comunidad activa, permitiendo buenos hábitos de convivencia

“Yo no llevé los libros a mis nietas, ellas llevaron los libros a mí”. Así empezó la historia de amor entre don Helmer y los libros que ha venido leyendo hace más de 15 años en el Centro de Lectura Villa de Guadalupe de la Fundación Ratón de Biblioteca.

Su amor por la lectura lo ha llevado en la sangre desde muy pequeño. “Yo salía de la escuela y leía hasta lo que había en los papeles de la calle, no me pueden faltar los libros. Desde que tengo memoria me encanta leer. Si me preguntan, lo único que no he leído es el directorio telefónico, hasta me he leído la biblia cuatro veces”. Dice con una sonrisa.

Sus nietas Juliana y Valentina se asombraban al ver que su abuelo era un enamorado de la lectura. “Mis nietas sabían que yo tenía una biblioteca en la casa, pero con muy pocos libros, entonces un día me invitaron a ese lugar que me cambiaría la vida”.  

Mientras sus nietas hacían consultas y tareas, él comenzó un viaje literario por cada libro y rincón de las estanterías del Centro de Lectura. ¡Se ha leído toda la biblioteca! Y actualmente está volviendo a leer libros porque dice que en cada nueva lectura encuentra nuevos detalles. Le apasiona la narrativa de la novela, especialmente la de Gabriel García Márquez.

Con el pasar de los años, se fueron presentando situaciones de salud que le afectaron su visión. “Yo trabajaba con máquinas de confección, pero cuando me empezaron a fallar mis ojos entendí que lo único que me quedaba era leer”. Por eso, su vida está aferrada al poder de los libros.

Y así como la lectura ha cambiado su vida, también piensa que ha transformado la vida de muchos. “Cuando llegué al barrio había mucha guerra, a las 7 de la noche ya teníamos que estar encerrados”. Ahora ve un territorio pacífico y de paz, considera que la biblioteca mantiene a la comunidad activa porque tienen algo que hacer y con la mente ocupada, permitiendo buenos hábitos de convivencia.

De las experiencias que más recuerda en el Centro de Lectura fue haber conocido al escritor Roberto Burgos Cantor “Él era como el padrino de la biblioteca, tuve la oportunidad de hablar con él y empatizamos muy bien, yo le decía que era como otro García Márquez y me despedí diciéndole: deseo que usted siga escribiendo para yo seguirlo leyendo”.  Dice con alegría, y termina recomendando su libro “El patio de los vientos perdidos”.